Escritura musical


Maquinas de escribir - Solos de remington




Tocar palabras - escribir sonidos

Música y literatura en la presentación de Solos de Remington, de Néstor Sánchez. Claudio Sánchez (teclados), Alfredo Slavutzky (percusión) y Leo Abal (bajo).

 

Por Silvana López

 

Presentación Solos de remington
Presentación Solos de remington

"Tiré de la hoja, quince bollos (uno muy próximo a la valija) pasé otra hoja por el rodillo, escribí un nuevo nombre de pila seco, solo, una rama, con minúscula, sin dos puntos, di dos espacios, después otro espacio más, escribí con todos los dedos, en una ráfaga, después de apretar en forma si se quiere arbitraria la tecla de mayúsculas: LA EXISTENCIA ESTA EN OTRA PARTE, me quedé leyéndolo.Después el flautista traversero para clarinete,el semivestíbulo con doble llave, la ansiedad básica: después de un párrafo rematado en un infinito sin pena ni gloria, otro poema breve, tres poemas automáticos en papel monifold color amarillo, inciertos, prósicos, una prosa de cámara sin puntos ni comas ni dos puntos ni guiones ni paréntesis, supuestamente aleatorios, post."

Solos de Remington. Néstor Sánchez

Desde hace un par de años, la editorial La Comarca libros se dedica a la recuperación y revalorización de la obra y vida de Néstor Sánchez. Claudio Sánchez, hijo del escritor, con el apoyo de su familia, lleva adelante este magnífico proyecto. En 2013, publicaron el primer libro, Ojo de rapiña, una reunión de ensayos de Néstor, algunos inéditos y otros escritos para revistas de Argentina y Latinoamérica, donde se pueden leer sus reflexiones en torno a la literatura, a los escritores, a la lectura y a la escritura y a sus relaciones con la música y con otras artes.

El viernes 6 de Junio, se presentó Solos de Remington en la librería Crackup. La presentación estuvo a cargo de Claudio Sánchez (teclados), Alfredo Slavutzky (percusión) y Leo Abal (bajo), quienes con su música celebraron la letra, el ritmo y el tono del escritor de Nosotros dos,Siberia Blues, El amor, los orsinis y la muerte, La condición efímera, entre otros.

La intención (musical) de Claudio y sus amigos es cruzar los caminos de la palabra con lo musical, se trata de tocar palabras - escribir sonidos. Cuenta Claudio Sánchez: “mi padre hizo música con su remington, nosotros intentamos tocar las palabras con nuestros instrumentos. Junto a Alfredo Slavutzky y Leo Abal como músico invitado, logramos cuatro espacios musicales (así llamamos a las improvisaciones) donde cada uno intenta conectarse con el otro desde la sensación única de estar creando un puente entre nosotros, siempre diferente y sorprendente. Estos espacios musicales (que para los demás pueden ser canciones o músicas) no tienen nombre ni tiempo ya que se construyen en el momento y cada uno viaja al lugar íntimo que desea en ese momento. Creo, que estamos experimentando algo parecido al ritual que Néstor Sánchez tanto disfrutó, el ir a la página en blanco desde su remington”.

Entre las improvisaciones, Claudio señaló la importancia de Solos de Remington en la obra de Néstor Sánchez. Escrito en 1963, es un texto íntimo, incluso secreto (un texto negado por el escritor) en el que se encuentra in nuce su proyecto o programa literario. Los motivos temáticos recurrentes (como la ventana), su relación estrecha con la música, su admiración por Pavese, se dan cita en ese texto; luego, Liliana Heer comentó que la actitud de Sánchez se asemeja a la de James Joyce con Giacomo, publicado póstumamente, que se considera el texto programático del Ulyses.

Al finalizar, los amigos y lectores de Néstor Sánchez, entre ellos Laura Valenzuela, Mariano Fiszman, Osvaldo Baigorria, festejaron la presentación con una copa de vino mientras, Julieta Sánchez, nieta del escritor, hizo entrega de un trabajo de su autoría, la intervención de un fragmento de Nosotros dos. Luego, María Neder anunció que está trabajando con un equipo de músicos en el proyecto de convertir la escritura de Sánchez en música, y Silvana López invitó a los presentes a las Jornadas Néstor Sánchez/Jorge Di Paola que se realizarán en octubre de 2014, en el Malba y la Biblioteca Nacional.

Néstor Sánchez nunca estará de moda, señala Hugo Savino en la contratapa de Solos de Remington, pero su escritura siempre será una irrupción que seguirá modificando la lengua. Los lectores, La Comarca libros y los Sánchez, una familia de artistas, son los protectores de esa música, de esa palabra literaria.


Néstor Sáchez Testimonios para releer al autor más elusivo

Por diego erlan

Literatura.  Una antología, junto a un filme y un libro de testimonios, confirman su centralidad en las vanguardias argentinas. Una conversación con su hijo nos depara la perplejidad de sus cartas inéditas.

 

El día que Claudio Sánchez recibió esa carta proveniente de Los Angeles entendió que no había encontrado a su padre sino a un maestro. Fechada el 21 de julio de 1982, estaba escrita con una letra extremadamente prolija y en un tono distante. Tiempo después, Claudio descubriría que esa misiva era el resultado de un ejercicio de voluntad y superación –escribir con la mano izquierda– que se había propuesto el hombre que firmaba simplemente como Néstor. Y ese era el nombre de su padre: el escritor Néstor Sánchez.

 

Desde 1972 que no tenía noticias suyas. Y el hijo comenzó la pesquisa seis años más tarde: preguntó en consulados, embajadas, agentes literarios.

 

Nacido en Buenos Aires en 1935, Sánchez había publicado cuatro novelas: la clásica Nosotros dos y otras tres más experimentales, Siberia blues , El amhor, los orsinis y la muerte y Cómico de la lengua , elogiadas por Severo Sarduy, Sylvia Molloy, Antonio Di Benedetto y Julio Cortázar. El crítico Emir Rodríguez Monegal, que supo cartografiar el boom latinoamericano, consideraba a Sánchez uno de los cuatro máximos exponentes de su generación porque había logrado crear una sola sustancia narrativa en que se mezclan presentes y pasados para subrayar que la única realidad central de ese mundo de ficción, la única aceptada y asumida con todo su riesgo por el narrador y sus personajes, es la del lenguaje. Osvaldo Baigorria, en su libro Sobre Sánchez , supo diseminar las huellas del escritor en una leyenda que lo encuentra viviendo como vagabundo en Nueva York y ataviado de flâneur por Madrid, Amsterdam, París, Roma, Milán, Caracas y Barcelona. Algunos decían que estaba muerto, otros que estaba completamente loco. Lo cierto es que había descubierto en Lima el Trabajo del místico ruso George Gurdjieff. Aún hoy, sobre la historia de Néstor Sánchez cae una densa neblina de misterio, equívocos y fabulaciones cimentadas por el propio silencio del escritor.

 

Aquella primera carta al hijo empezaba a develar el enigma: “Claudio, procuro ponerme en tu lugar al releer las líneas descuidadas e incoherentes que acaban de llegarme. Dos primerísimos elementos aparecen en mí por resonancia: todo reto debe ser impecable, reseteado del caos y la improvisación; la vida no tiene ningún sentido fuera de la búsqueda de la conciencia.” Es cierto: en los tempranos ochenta no existía adaptar el término “resetear” en español, pero sí en inglés y Sánchez solía improvisar con su idioma. En esa carta confirmaba que hacía quince años, “por razones de orden sobrenatural”, fue llevado a encontrar en Lima el Trabajo del místico ruso. “El misterio intolerable de ser un cuerpo provisorio sobre un planeta atroz, la ceguera estúpida de las viejas ilusiones de conejera leucémica como amor, hogar, descendencia, etc., sólo me obligaban a un suicidio decoroso”, escribe. “Sin embargo, se abrió esa brecha providencial, esa sospecha de alternativa. A partir de entonces no hice otra cosa que alejarme de las influencias ordinarias para dedicarme por entero al Trabajo y sus muy difíciles coordenadas de Conocimiento. Mis dos últimos libros, si pudieras leerlos de manera correcta, te ilustrarían ese pasaje devocional.” Las instrucciones de su padre eran determinantes: el hijo debía aprender un idioma, seguir con la música, empezar a sentir el cuerpo. “En ese momento me manda un montón de ejercicios, y yo, cada tres semanas, tenía que mandarle los resultados. Esa era la relación: maestro-discípulo”, recuerda ahora Claudio, que empezó a recuperar, preservar y fortalecer la obra de Néstor Sánchez a través de su editorial La Comarca. Desde esa plataforma publicó Solos de remington , volumen que incluye el primer libro de relatos, otro publicado sólo en Venezuela, un manuscrito inédito y un experimento que el hijo hizo con fragmentos del padre en el que intenta plasmar lo que Sánchez llamaba “escritura poemática”: la transmutación del narrar en poesía de largo aliento que debe producir un estado de gracia. En cada una de sus decisiones de vida, el ímpetu de Sánchez era el mismo. Pablo Ingberg, poeta y traductor que lo trató durante quince años, explica: “Era un radical a ultranza, un extremista que apuntaba a una escritura que comprometiera al lector hasta el fondo del alma”. Ingberg es, junto a Mariano Fiszman, el responsable de Visiones de Sánchez , un libro de testimonios que, junto al documental Se acabó la épica , de Matilde Michanié, procuran iluminar ciertas zonas desconocidas.

 

“No podría decir cuál es el mayor interrogante de Néstor Sánchez”, dice Michanié, quien piensa estrenar el filme antes de fin de año. “Hasta ahora sólo tengo misterios.” Ella considera que en Sánchez no hay separación de vida y obra, ambas son la materia prima de una búsqueda intensa –esencial– por encontrar el sentido de ambas. “Es un tránsito permanente que viene de la profundidad y que en ella se interna. Esa inquietud turbulenta en la vida de Sánchez es lo que más me conmueve y convoca”, dice Michanié y agrega: Sánchez prueba liberar la prosa en el cuerpo de la poesía; experimenta la búsqueda del sentido de la existencia con la palabra y con su vida. “Por eso, a la hora de leerlo, exige una gran dosis de libertad y atención por parte del lector. No es sencillo, entra y sale por los márgenes, sin aviso, revoluciona al extremo la narración.” Claudio está convencido de que estos proyectos serán fundamentales para iluminar los sectores en penumbras que aún persisten alrededor de la vida de su padre. Luisa Valenzuela, por ejemplo, fue testigo de la estadía de Sánchez en la beca para escritores de Iowa entre 1969 y 1970. “Sus pasiones eran a favor de la literatura, la música, el jazz, la poesía, y contra todo el resto”, cuenta Valenzuela en Visiones de Sánchez.

 

 

“Néstor era nuestro fusible en el desprecio, el que se animaba a verbalizar quejas que ni se nos habían cruzado por la mente.” En el libro también lo recuerda el escritor y psicoanalista Germán García. “De su literatura me gustaba –me gusta– el fraseo musical deliberado y una desarticulación de la sintaxis que es imposible no relacionar con la de Macedonio Fernández”. El programa existencial de Sánchez, para García, se resume en estas palabras: la búsqueda de un maestro, la muerte y el deber de la amistad. Una vez, en una mesa de bar, Néstor Sánchez le contó a un grupo de amigos por qué no había entrado al boom latinoamericano. Ingberg estaba presente. En Barcelona, Sánchez fue invitado a una charla de Mario Vargas Llosa en la que el autor de La ciudad y los perros se proclama como escritor comprometido. Cuando le piden opinión sobre el tema, Sánchez dice que esas son todas paparruchadas. En ese preciso instante quedaría excluido del mercado del boom. Sánchez lo explicó sin vueltas: “Mi imagen como escritor es por lo general resistida y esto llega, aunque parezca mentira, al ámbito de las editoriales, donde aparezco como un raro de cierto peligro para el buen negocio de la facilidad y de los lugares comunes que tanto abundaban”.


Metáforas del teclado

Revista Ñ 15/7/2014

Su obra es pequeña y fundamental. Como en las de Joseph Conrad, Rimbaud y de todos los norteamericanos, se trata de un escritor en estado de deriva, que sólo tiene sentido y encuentra sentido en el movimiento y el descubrimiento de un nuevo paisaje, un nuevo instante, una nueva experiencia. En su caso se trata sobre todo de una experiencia musical. Los libros de Néstor Sánchez son incomprensibles si no se los piensa como una composición musical pero no porque tengan la facultad de volverse orales ni porque en la oralidad se comprendan mejor, sino porque en la estructura misma de lo que escribe está la estructura de una pieza musical con sus tonos, melodías, fugas y su férrea estructura armónica.

 

Si es verdad que su vida se comprende en sus mudanzas, viajes y peregrinaciones; en la escritura, en cambio, sólo se comprende ese peregrinar bajo la forma de un derrotero musical. Y sobre todo la música barroca y el jazz, es decir el tipo de música que tiene la repetición y el juego con un tema como parte de las obligaciones del género. En este libro, que contiene una parte importante de su producción, puede comprobarse hasta qué punto sus textos son pensados como la ejecución de una pieza que tiene como teclado la máquina de escribir.

 

Solos de remington reúne todos los relatos breves de Sánchez, desde su primer libro de relatos, Escuchando a tu hijo, de 1963, algunos relatos breves dispersos y un último texto inédito (avatar clandestino que escribió poco antes de morir y dejó quizá inconcluso, aunque es totalmente legible.) En la reunión de los textos, se puede leer, porque abarca toda la carrera como escritor de Sánchez, todas sus preocupaciones, desde la conciencia musical de la obra escrita, hasta la ética más inflexible en el acto mismo de escribir. Como muy pocos autores argentinos, Sánchez fue un gran teórico de la literatura. Sus textos son la puesta en práctica de una teoría de la literatura que produjo, a la que le fue muy fiel y que no se comprende sin el diálogo con su propia ficción. Desde la influencia de la obra de Cesare Pavese, sobre quien escribió páginas fundamentales, hasta la ética del escritor que debe colocarse en un más allá de los géneros literarios y las clasificaciones superficiales, como la de prosa versus poesía, hasta la relación entre el escritor y su material, las palabras, pensadas desde el hecho más físico, todo fue material de una reflexión seria, concentrada y, a veces, esotérica. Su preocupación por la práctica concreta de la escritura, por ejemplo la relación entre la monotonía y el tedio de la actividad del escritor comparada con la necesidad de provocar un efecto en la lectura es, al mismo tiempo, un problema teórico y práctico; y esto sucede porque en la mayoría de sus relatos aparece el narrador como personaje. De hecho, su primera novela y acaso la más importante de su obra, Nosotros dos , es una memoria de una relación contada en primera persona (a veces del singular, a veces del plural) en la que se recuerda y se explica una relación amorosa, mientras se elabora sobre la construcción de esa memoria. Como si la novela dijera que sólo la insistencia monótona sobre un tema puede construir la verdad sobre ese tema; la verdad de una fuga musical con sus repeticiones, sus variaciones, etc… La obra de Sánchez narra siempre un estado de descomposición en el sentido más estricto de la palabra. Relaciones truncadas, mundos distantes y memorias fragmentadas. Pero en esta serie de relatos o de pequeñas prosas, la idea de la descomposición es también una forma de escribir. Pero lo que sí tienen estos relatos es la exhibición clara de hasta qué punto la prosa de Sánchez estaba informada por una poesía verdadera. Aun cuando él despreciara ese tipo de divisiones en la “ética” de un escritor.

 

Su vida forma parte de esa mitología que tanto les gusta a los escritores (o probablemente, sólo a los escritores argentinos) y la gente de letras en general: el escritor ilegible (o por lo menos el que no tiene en cuenta la legibilidad como parte de su oficio); la apoteosis del fracasado absoluto... Antes fue Macedonio Fernández, y probablemente haya algo de ese sueño de ilegibilidad absoluta en el Martín Fierro de Hernández... El enfermo de literatura, el que la hizo una experiencia tan interior, tan íntima, que hace de sus libros un flujo de conciencia que la vuelve utópica, fantástica, inmoral, y absolutamente soñada... Unida a esa mitología está su vida de hippie en Estados Unidos, su retorno al país y su vínculo con filosofías más o menos esotéricas, como la de Gurdjieff.

 

En sus textos siempre y, desde su primera novela, está esa tensión con respecto a la literatura. No se trata de puras historias, ni de un puro lenguaje; todos los textos de Sánchez buscan los intersticios en los que la literatura se vuelve experiencia, experimentación, vida, etc... No quiere entregar jamás un relato; quiere que el lector lo viva. Por eso, su vida no explica sus obras, aunque los últimos años han visto florecer la investigación sobre su vida y su obra notablemente, hasta llevarlo más allá de la noción de “autor de culto”.

 

Además del estupendo “Epílogo” de Federico Barea, que ordena estos Solos de remington , organiza su lectura y la pone en perspectiva, algunos grandes libros sobre el autor se han publicado últimamente.

 

Sobre Sánchez, de Osvaldo Baigorria , es una muy buena lectura sobre Sánchez, tanto como un ejemplo de cómo se debería escribir la crítica literaria. Baigorria nos muestra un Sánchez perdido entre los parkings y carreteras de California mientras lee a Gurdjieff y desde donde se comunica débil e intermitentemente con su hijo que lo busca y, en cierta medida, lo sostiene. Es decir, nos entrega la imagen de un escritor “hippie”. Aun cuando la palabra no le cuadre, justamente, por excéntrico. Y finalmente, aparece el último Sánchez; el que volvió y deambula por Buenos Aires entre la mendicidad y la locura.

 

A. Schettini es poeta, docente y autor del ensayo “El tesoro de la lengua”.


Los papeles perdidos de Néstor Sánchez

Telam - 19/06/2014

Por Pablo Chacón

En Solos de Remington, antología de fragmentos, notas, narraciones y reflexiones, Néstor Sánchez, uno de los escritores menos dados a las intrigas literarias, durante años seguidor de las enseñanzas de George Gurdjieff, dejó textos y escritos sueltos en diversos lugares que su hijo, Claudio, está poniendo en orden ayudado por un equipo de trabajo.

 

Para eso, creó una editorial, La Comarca, donde ya se publicó un primer volumen, Ojos de rapiña, y ahora estos Solos... pero el trabajo continúa porque existe un archivo que revisar, además de sueltos en publicaciones francesas, españolas y estadounidenses.

 

Néstor Sánchez publicó Nosotros dos, Siberia blues, Los informantes, El amhor, los orsinis y la muerte, Cómico de la lengua y La condición efímera.

 

Este es la conversación que su hijo Claudio sostuvo con Télam.

T : ¿Cómo es la organización del equipo que trabaja para descubrir y exhumar las piezas perdidas de la obra de Néstor Sánchez?

S : Federico Barea, Paula Bisignano y yo funcionamos como equipo de trabajo. Federico viaja a España, Francia y Estados Unidos para lograr hallazgos en bibliotecas, diarios, editoriales etcétera. Paula sostiene la búsqueda desde internet y yo me propuse conectarme con cada persona que lo conoció. La sorpresa de algún rescate puede venir de cualquier lado. Después del asombro, viene el festejo y la satisfacción.

T : Sánchez ¿tenía un estilo, fue fiel a ese estilo desde el primero al último de sus libros, o es necesario hablar de otra cosa?

S: Sánchez no fue fiel a la noción de estilo, sólo le fue fiel al ritmo de lo que escribía. Es lo contrario de un estilo. El estilo lo cultivan los autores epigonales. Sánchez siempre buscó lo que no se hizo, estuvo abierto al hallazgo poético.

T : Solos de Remington parece reenviar al solo que se ejecuta en el jazz, y a la soledad extrema que se transita en la experiencia mística.

S : La idea de solo es más amplia. Solo es un grado de intensidad particularísimo, remite a estar solo y a hacer ese solo remingtoniano como sólo Sánchez puede hacerlo. Es inimitable. En relación a las enseñanzas de Gudjieff, puedo decirte que Ojo de rapiña es un claro ejemplo de estrictez y atención extrema. Desde Avatar clandestino, en Solos..., encontramos bases de su experiencia de trabajo y algunas de las consecuencias con las que tuvo que toparse.

T : ¿Qué peso tuvo Julio Cortázar en la obra de su padre, si es que tuvo alguno?

S : Cortázar nunca fue una influencia literaria para Sánchez, fue un mediador, alguien con quien hablar, a quien mandarle su libro. Con oído para escuchar lo nuevo. La influencia de Cortázar es un lugar común de los que en lugar de leer toman atajos. Pavese, sí, es más que influencia. Influencia no es una noción para aplicarle a Sánchez.  Hay que hablar de impregnación,  Sánchez lo llamaba Cesare.

T : Sánchez nunca estará de moda, dice Hugo Savino en la contratapa de Solos...

S : Nunca estará de moda porque, justamente, nunca se dedicó a cultivar unestilo; cada libro es un salto a lo desconocido, porque Sánchez escribía y se escribía en el mismo movimiento. Y la moda pide que uno la mime, pide sumisión.  Por eso su insistencia en ir a contra-boom, que era la moda de su época. 

T : ¿Cuánto material inédito de Sánchez supone que existe?

S : Exíste bastante material inédito (cartas literarias e instructivas; material de su taller; crítica, prólogos, etcétera). Nunca sabremos si rescatamos una totalidad. No hay un solo testigo de su amplio trayecto. Solo tiempos cortos de vínculos aislados y rupturas, sistemáticamente rupturas. Seguir la búsqueda atentos a todo. Desde el documental que se realizará en unos meses, tal vez se generen nuevos hilos conductores. Néstor ya no está. Algunos personajes heridos aún no lo captaron. Mi intención es desterrar el mito que, paralelo a su obra, queda pobre. 


SOLOS DE REMINGTON,                                         DE NÉSTOR sÁNCHEZ - Por Alan Ojeda

Solos de Remington, editado por La Comarca, compila los cuentos de Néstor Sánchez, uno de los escritores de vanguardia más grandes de la literatura argentina de los 60. Un pasadizo directo a la Néstor Sánchez Experience!

¿Cuál es el trabajo de un cómico? ¿Qué es lo que hace cuando crea un chiste elaborado con material conocido de manera tal que logra ponernos en jaque? Deconstruye, des-naturaliza, arranca a la cotidianidad de su lógica llana. “¿Conocimiento de qué, de quién? […] Conocimiento, en fin, de una voz (si es que está en mi) una voz a descubrir y que una vez descubierta sólo sirva para llevarse algún día al ritmo de un párrafo donde ya no quede la más mínima posibilidad de deslinde o atajo, donde tenga que mirarme cara a cara, por un instante, y entonces empezar a vivir para el desarrollo de esa vos, o para olvidarla y recordarlo siempre”, dice Néstor Sánchez que en definitiva es el Cómico de la lengua.

Cada texto de Sánchez desarma la prosa como si se tratara de un tema de free jazz. Cada oración tiene un final imprevisible, porque lo que importa ya no es narrar, sino esa voz en movimiento, rítmica, del devenir escritura. Así nos desnuda de la costumbre y nos obliga a realizar un pacto de disciplina, tan riguroso como el suyo con las ideas de Gurdjieff.

Solos de Remington, editado por La Comarca, una nueva editorial conformada con Federico Barea y Claudio Sánchez (hijo de Néstor) recupera tanto los cuentos del primer libro de Sánchez –Escuchando a tu hijo (1963)– y otros publicados de forma individual, y concluye con “Avatar clandestino” el último, que no fue mecanografiado sino manuscrito en una hoja lisa, con una prolijidad de cirujano. Este paradigmático escritor, con su nadar contra la corriente de la lógica común y la literatura “legible”, ha logrado consagrarse como uno de los escritores de vanguardia más grandes de la literatura argentina de los 60.

Al comienzo del libro hay un apartado que es el que le da nombre a toda la compilación, ahí podemos encontrar fragmentos de sus novelas que permiten observar el proceso creativo y reflexivo de Sánchez al momento de pensar en la escritura. Así descubrimos los “espacios entre palabras que brotan de algo parecido al júbilo”. Digo, “algo parecido” porque, al igual que la música, sus textos son inefables. Toda su vida comulgó por una literatura que no fuera comunicable por teléfono, como un chisme, sino que fuera puro espacio de descubrimiento y encuentro. Lo logró. Sánchez es una experiencia intransferible.

Una imagen me viene a la mente: Sean Connery diciéndole a un joven afroamericano que aprete fuerte las teclas de su máquina de escribir, porque así se siente el ritmo de las palabras. Basta encontrar el ritmo de una frase para descubrir el destino de un párrafo, de un texto entero.  Solos de Remington es la música de la lengua. Es lo que aparece ahí, en el contacto profundo de quien escribe y se abandona al ruido de las teclas, como si fuera una trompeta o un saxo.

Una nueva puerta se abre hacia la Néstor Sánchez Experience! Los interesados en conocer más del autor, próximamente podrán disfrutar de Se acabó la épica, el documental sobre su vida dirigido por Matilde Michanie, investigadora, guionista realizadora y productora. De esta manera se pueda conocer quizás algo más sobre este escritor cuyos textos no se ofrecen fáciles al lector, no se entregan, sino que, como una prueba espiritual, se merecen o se ganan.