La comarca libros -  Promoción editorial

Diseño: Julieta Sánchez - Paula Bisignano

Contacto: Claudio Sánchez  011-4573-2900 comicodelalengua@hotmail.com 


Néstor Sánchez - Obra completa

"Hay un elemento que forma parte de mi trabajo. Es la continuidad del proceso cíclico de escritura. Ningún libro podría ser tomado aisladamente del resto. Cada libro se vale de la experiencia anterior y la ilustra. No desde un punto de vista de continuidad temática, sino de actitud. Sin haber escrito el libro anterior sería imposible imaginar la escritura del libro que ha seguido. Porque hay una etapa de experiencia imponderable consumada en la escritura misma, en la búsqueda de un ritmo propio". Del nuevo libro: Escritura poemática - Taller.

Néstor Sánchez

Solos de remington $200

Es el nuevo inicio de la obra: "Escuchando a tu hijo", y otros relatos inéditos.

Nosotros dos $200

La primer novela de tango.

Ciclo de escritura.

 

Siberia blues

$200

Ciclo de escritura.

El amhor, los orsinis y la muerte $200

Ciclo de escritura.

Ojo de Rapiña $200

La experiencia de escritura de Néstor Sánchez en sus tres primeras novelas.

Cómico de la lengua $200 Testimonios de Teresa Wangeman y Ciclo de escritura.




La condición efímera $200

 Relatos y ciclo de escritura.

El drama sin atenuantes $200

Néstor Sánchez y Carlos Riccardo conversan (dos textos inéditos).

Visiones de Sánchez $200 Testimonios de escritores que lo han conocido. Complilan Ingberg y Fiszman.

Escritura poemática -Taller

$200

 



Otros títulos de la comarca                                             Gestión editorial: 50% derecho de autor.

Músicos Argentinos $200 Testimonios e improvisaciones literarias de 22 músicos.

El Gran Ginecólogo de la Patagonia $200.

Mónica Volonteri.

Las calles de Villa Crespo $200

Fiszman - JAZZ: poemas e ilustraciones.

Fuga menor

$200

Matías Boni.

 

 



nuevo libro de néstor sánchez - barcelona


DESDE HACE MEDIO SIGLO ES AUTOR DE CULTO, OCULTO.

El escritor olvidado al que defendía Cortázar

Cultura

12 Ago 2017 - 9:00 PM

Por Isaías Peña Gutiérrez 

 

Semblanza del argentino Néstor Sánchez (1935-2003): experimental, polémico, extravagante, único.

Aunque se convirtió en un autor de culto y su destino ha sido el de permanecer oculto (al contrario de muchos autores de culto), Néstor Sánchez no ha dejado de ser una referencia polémica en las letras del mundo. Lo fue en la década del 60 del siglo pasado, cuando publicó sus primeros libros. Sin embargo, las nuevas generaciones —del 80 para acá— no saben nada de él. Entre nosotros, los estudiantes de creación literaria y los escritores jóvenes no lo tienen en sus listas. Incluso, muchos argentinos lo ignoran. Federico Andahazi me dijo alguna vez que Néstor Sánchez era mexicano.

 

Cuando publicó Nosotros dos y Siberia blues, en 1966 y 1967, sus primeras novelas, con el entusiasmo de la Editorial Sudamericana de Buenos Aires (el mismo año de Cien años de soledad), se prendieron las alarmas rojas. Sánchez apenas llegaba a los 30 y ya sus artículos críticos aparecían en revistas y periódicos nacionales (Primera Plana, Artiempo, Confirmado). Pronto se iría contra el naciente Boom de la narrativa latinoamericana. En 1963 había publicado el libro de cuentos, del que renegó, Escuchando a tu hijo. Y luego, con cada nuevo libro suyo —en vida no fueron muchos—, cambiaría la orientación de su escritura e iría buscando nuevas rutas para su lenguaje literario. La antinovela y las expresiones que rompieran con todos los cánones de la historia de la literatura se convertirían en sus mejores banderas. Rehusó, desde el comienzo, la golosina del mercado del libro: sentía aversión por la literatura “dedicada al buen negocio de la facilidad y los lugares comunes” y no quiso adherir al “compromiso” intelectual alegado por las ideologías que llegaban de Francia. Anduvo en contravía y se animaba con las lecturas de la Beat Generation, de sus compañeros de Opium y Sunda, y de los que leía y traducía: Céline, Klossowski, Claude Simon, Pavese, Michaux, Caillois, Enrique Molina, Madariaga, etc. Antes de ser publicado en francés por Gallimard y reeditado por Seix Barral en España, Julio Cortázar salió en su defensa: “No soy crítico ni ensayista ni pienso defender a Sánchez, que ya es grandecito y sale solo de noche”, “Sánchez es un novelista muy criticado y muy combatido por el carácter experimental, muy audaz, de su obra”, “Néstor Sánchez tiene una imaginación muy extraña y trabaja con base en síntesis fulgurantes”, “Es un hombre que rechaza los moldes ordinarios de la literatura”, que “está lleno de belleza porque va en contra de todos los lugares comunes”.

 

Luego de sus dos primeras novelas, en 1968, Néstor Sánchez comenzó su misterioso periplo por el mundo. Se inicia como traductor del francés e italiano. Le otorgan la que será una de las becas más famosos entre los escritores latinoamericanos: la International Writing Program, de la Universidad de Iowa. No la resiste por más de cuatro meses y viaja a Caracas. Y luego a Roma. En 1969 publica, dedicada a su hijo Claudio, su tercera novela, con Sudamericana, con más variables en su escritura, siempre enmendándose a sí mismo y sin dejar la posibilidad de que esta novela sugiriera otra nueva: El amhor, los orsinis y la muerte (1969). De esta novela haría un guion cinematográfico que, luego de leerlo, Truffaut le diría: “Es un excelente guion para escribir una novela”. Julio Cortázar y Julio Ortega la elogiarían. Mientras tanto, en 1970 prepara una antología de Cesare Pavese para Monte Ávila de Venezuela. E instalado en Barcelona comienza a escribir su cuarta novela, Cómico de la lengua, para lo cual Seix Barral le dará todo el impulso necesario, así Sánchez maldiga a los escritores del Boom. La editorial de los “poetas” se la juega con los dos bandos. Cortázar libra su batalla de la liberación por la liberación. Antes había escrito: “A Sánchez no lo he visto nunca, a veces me escribe unas cartas entre sibilino y retobadas”.

 

Esa cuarta novela aparecerá en 1973, en Seix Barral, pero para ese momento ha comenzado la etapa crucial de Néstor Sánchez, quien pasará de autor de culto a escritor oculto.

 

Es el tiempo en que conoce a Gurdjieff y Carlos Castaneda y se apasiona por ellos. Viaja a París, donde trabaja con Gallimard como traductor. Sigue pensando en la muerte. ¿Cómo es que no nos damos cuenta de que todo conduce a la muerte? ¿Cómo podríamos prolongar la vida? Fueron catorce años de fuga. Al regresar diría que simplemente se trataba de “su enorme capacidad de generar conjeturas”. En su fuga, sin embargo, coordina talleres de creación literaria en Niza (Francia) y en Los Ángeles (EE. UU.), y mientras tanto aparece su cuarta novela, Cómico de la lengua, en España (Seix Barral, 1973) y traducida al francés (Gallimard, 1975).

 

Cuando vive en los Estados Unidos, bajo las orientaciones de su maestro Gurdjieff, Néstor Sánchez sale de onda. “Viví catorce años dedicado por entero a lo que creía una experiencia iniciática”, “Yo buscaba vivir más. Estaba convencido, en mi enfermedad, que se podía vivir 300 años”.

 

En 1986, su familia lo rescata de la calle, absolutamente deteriorado, irreconocible, vencido. El olvido ha caído sobre su cuerpo y sobre su nombre. Ocho años antes, en Buenos Aires, sus amigos se han reunido para rendirle, y le rinden, un sentido homenaje. Todos lo daban por muerto. Estaba muerto Néstor Sánchez, el anticanon, el antinovela, el poeta que escribía novelas sin temas, el poeta que había roto con las normas de la novela tradicional, el escritor poeta que no había podido inventar nada en Nosotros dos y en todas sus novelas porque sólo quería caer en el fondo de sí y de sus amigos, del ritmo del jazz y de la poesía.

 

Sánchez había sido en su juventud bailarín de tango en la compañía de su amigo de barrio Villa Pueyrredón, Juan Carlos Copes. Desde muy joven había hecho periodismo. Había leído poesía todos los días, más que prosa. Y en 1960 había tenido a su hijo Claudio para que lo protegiera del olvido (sin saberlo, por supuesto).

 

Los últimos años de Néstor Sánchez, después de 1986, fueron intensos, breves. Volvió a vivir de los talleres de creación literaria, pero decía que ya se le había acabado la vida que podía contar: “Me quedé sin épica”. Nunca había inventado nada en sus novelas, todo había sido la poética de su realidad. En 1988, la Editorial Sudamericana publicó su último libro de cuentos, La condición efímera, donde se destaca un cuento titulado Diario de Manhattan (“que escribiré en permanencia, por primera vez, con la mano izquierda”), lo ha dicho Federico Barea, un joven investigador literario, editor, que ha venido a Bogotá a mostrar en la Universidad Central el documental sobre la vida y obra de Néstor Sánchez, Se acabó la épica, de Matilde Michanie.

 

Néstor Sánchez murió en Pueyrredón el 15 de abril de 2003. La policía lo encontró dos días después.

 

Claudio Sánchez, su hijo, en la editorial La Comarca Libros, ha venido editando muchas páginas más, con sus monólogos, sus entrevistas, su didáctica, su fuego. Su amhor y sus orsinis y su evidencia de la condición efímera de nosotros dos, de nosotros todos.

 

 

* Escritor. Autor de once libros, desde Cinco cuentistas (1972) hasta El universo de la creación narrativa (2010). Maestro y creador del Taller de Escritores desde 1981, fundador y director de los programas de creación literaria de la Universidad Central.




Borges igual a Borges

Por Néstor Sánchez


  • Literatura 02/10/15 Revista Ñ - Clarín

Trucos y astucias de una lengua ambigua

Entrevista. Ganador del Premio FIL, Vila-Matas acaba de publicar en la Argentina “Marienbad eléctrico”, que retoma sus reflexiones sobre el arte contemporáneo. Aquí sus ideas, de la literatura a la política.

Por Jorge Carrion Desde Barcelona

ar nunca cuál fue la primera vez que vi un negro o una negra. Por lo visto, el japonés debió de causarme una mayor sorpresa o impresión. ¿Por qué? Quizás porque a los negros ya los había visto en el cine, en un filme terrorífico con una familia de colonos blancos asediados por el Mau-Mau. Mientras que del Japón debí de tardar mucho en tener la más mínima noticia de la existencia de ese país. Cuando vi un japonés en el aeropuerto de Orly me quedé literalmente pasmado.

En estos días, al mismo tiempo que se anunciaba que Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ganaba el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, de la Feria de Guadalajara (en 2014 lo ganó Claudio Magris), la editorial Caja Negra publicaba en la Argentina Marienbad eléctrico , su nuevo libro, un ensayo –en forma de diario ilustrado– sobre su prolongado diálogo con la artista Dominique Gonzalez-Foerster. La traducción al francés acompaña, de hecho, la gran retrospectiva sobre ella que se inauguró hace una semana en el Centro Pompidou de París. Conversamos en Barcelona con el escritor español sobre su obra, que como la de W.G. Sebald o Roberto Bolaño, ha dialogado explícita y sobre todo implícitamente con las artes contemporáneas.

 

–Veo en el premio de la FIL un círculo que se cierra, porque de la lengua española fue en México donde primero supieron leer tu obra. ¿Cómo evalúas en perspectiva esa lectura mexicana? ¿En qué se parece o diferencia de la francesa?

 

–En cada país la historia es distinta. Es como un viaje en el que lo pasas bien en una ciudad y mal en otra. Hay lugares como Francia, Argentina, Suecia, Brasil, y últimamente Estados Unidos, Reino Unido y China, donde la recepción es entusiasta y muy superior, claro, a la de otros países. Pero esto generalmente se halla relacionado con las editoriales que se ocupan de mis libros en cada uno de los países: unas llevan una política editorial inteligente –han comprendido que no es un libro mío el que han de vender sino la obra– y otras ni se enteran de lo que se traen entre manos.

 

–¿Qué gana y qué pierde un escritor con sus traducciones?

 

–Ahora en China conocí a una de las traductoras de Javier Marías. A la luz de cómo era y hablaba ella, no hacía falta saber mucho más para comprender que Marías podía sonar en chino como si fuera Corín Tellado. Un buen traductor, en cambio, y algunos de los míos lo son –Gabastou en París, Anne Mc Lean en Toronto, Ivonne Blanck en Estocolmo, Elena Liverani en Italia, etc–, puede incluso mejorar la obra. Antes no me preocupaba este asunto y ahora lo cuido mucho. Los traductores han de ser escritores, saber adquirir el “tono” del autor con el que trabajan.

 

–¿Cuál es tu primer recuerdo de una biblioteca? ¿Y de una librería?

 

–La deficiente biblioteca del colegio de los Maristas en el Paseo de Sant Joan de Barcelona. Tan defectuosa que creo que la imagino, pero nunca existió. La siguiente biblioteca que me viene a la memoria estaba en la casa de un comerciante al que mi padre tuvo que visitar en relación a un negocio. Yo tenía unos años y acompañaba a mi padre, como el niño de Ladrón de bicicletas , aquel conmovedor filme neorrealista. Me impresionó que aquel hombre con aspecto de tipo peligroso sólo tuviera un libro en su biblioteca: Sissi Emperatriz . En cuanto a la primera librería, sin duda fue la tienda del viejo judío centroeuropeo que me vendía tebeos y libros antiguos cuando tenía yo diez años, en el número 341 de la calle Rosellón. Era un viejo que parecía salido de El tercer hombre y tenía una trastienda a la que yo no podía acceder nunca, pero donde imaginaba que se amontonaban grandes libros de aventuras, no en venta.

 

–En París no se acaba nunca hablas de cierta literatura argentina: descubres a autores tan distintos como Borges, Edgardo Cozarinsky (a quien mencionas en Marienbad eléctrico) o Raúl Escari. ¿Cómo definirías tu relación con ella desde entonces hasta ahora?

 

–Una relación fundamental. Comíamos a veces Cozarinsky, Escari y yo en La tablita, un restaurante del Quartier Latin. La argentina es la literatura que más me ha influido y ayudado. Todo empezó nada menos que con Néstor Sánchez, del que leí casualmente “Nosotros dos” en 1972. Su estilo jazzístico, por llamarlo de alguna forma, influyó en el primer libro que escribí. Naturalmente, Sánchez me llevó a Bioy y Borges, que representaron una epifanía para mí. Y no sigo, porque es interminable la lista de escritores argentinos que admiro y entre los que incluyo, como argentino también, a Gombrowicz.

 

–Julio Cortázar es otro escritor contemporáneo que también escribió sobre artistas contemporáneos. Además hizo collage, se dejó contagiar por la música, entendió la importancia de Duchamp (como demostró Graciela Speranza en Fuera de campo). ¿Cómo y cuándo leíste a Cortázar? ¿Lo sigues haciendo?

 

–Lo leí poco después de Sánchez. Para un lector joven, Cortázar es extraordinario porque su estilo aparentemente desenfadado te hace creer que escribir es bastante más fácil de lo que creías. Lo he seguido leyendo, aunque sin la insistencia de los primeros tiempos. Recientemente escribí un epílogo a la reedición de “La puñalada / El tango de la vuelta” que publicó Libros del Zorro Rojo. De la importancia de Duchamp acaba de hablar Shaj Mathew en New Republic , que comenta cómo la novela del XXI empieza a acercarse al arte conceptual.

 

–En Marienbad eléctrico te refieres a tí mismo como a un “cineasta secreto” (mientras que la artista Domenique Gonzalez-Foerster es “una novelista muy activa”). Antes que escritor de literatura fuiste crítico de cine y rodaste películas. En tu libro fundacional, Historia abreviada de la literatura portátil, pones justamente a Duchamp al lado de Vallejo o Lorca o los surrealistas franceses. ¿Es tu poética, desde sus orígenes, híbrida?

 

–Sí. Alvaro Enrigue escribía hace unos días en El Universal de México que tal vez yo sea el autor que mejor entendió, en mi generación, la bonanza que significaron los primeros años comunitarios para España. Supe lo que tal vez se le ha escapado a tres generaciones de políticos: que la integración a la Comunidad Europea no era un cambio de estatus, sino una propuesta de mestizaje, un gesto final de adaptación al medio que permitía salvar a un conglomerado de culturas que dejarían de ser significativas si no se confederaban.

 

–¿Cuál es tu primer recuerdo de un cine?

 

–El cine Metropol, en el 115 de la calle de Roger de Llúria, de Barcelona, hoy un garaje que lleva el mismo nombre. Yo viví en frente hasta los seis años y lo que más me gustaba era esperar al lunes por la mañana para ver cómo (era un cine de los llamados de reestreno) cambiaban los carteles y la programación. Ya entonces me gustaba que las cosas cambiaran. Sé que en 1934, cuando lo inauguraron, fue el cine más lujoso de la ciudad. Mi padre, que tiene ahora 94 años, se acuerda de la programación de aquel día.

 

El judío errante, una producción británica con Conrad Veidt de protagonista.

 

–En tu ensayo del volumen colectivo Mad Men o la frágil belleza de los sueños en Madison Avenue –publicado en Errata Naturae–, ves en la televisión contemporánea un diálogo con las formas del cuento y la novela. ¿Habría una zona de sintonía entre literatura, series y arte contemporáneo en algunas formas narrativas?

 

–Hombre, le encuentro todo tipo de sintonías. ¿Cómo voy a cerrarme? Mi especialidad siempre ha sido hallar conexiones entre todas las cosas. Trabajo muchas veces con ready-mades literarios.

 

–Hay un concepto de la literatura de Sergio Chejfec, lo flotante, que conecta tu obra con el arte de Dominique Gonzalez-Foerster, de Francis Alÿs y Sophie Calle, que se estructura a menudo en la deriva, el viaje arqueológico, el concepto nómada. Cuando viajas, ¿estás constantemente pensando en qué experiencias, detalles o lecturas se van a traducir en un texto? ¿Cómo decides qué será periodismo, dietario o ficción?

 

–No, porque todo lo que veo o me ocurre me sirve. Y esto tiene una explicación: sin renunciar a narrar, cargo las tintas de lo que escribo, no en la historia que cuento, sino en la voz que narra, en el punto de vista. Es por eso que mi obra puede ser leída como un continuo en el que se van mezclando historias y géneros: mis libros de artículos fluyen hacia mis novelas que fluyen hacia mis ensayos que fluyen hacia mis cuentos.

 

– En Kassel no invita a la lógica aparece la comisaria Chus Martínez como un personaje a la vez inquietante y angélico. La crónica o el relato también es ambivalente, como si el arte contemporáneo no pudiera ser narrado sin ironía que contrapese el interés y la atención que le dedicas...

 

–Todo en ese relato es muy ambiguo. El narrador tiene un arrebato de entusiasmo por todo lo que ve en la Documenta, como si hubiera tomado “una pastilla de euforia”. Y no acabamos sabiendo si le encanta ese arte o bien su entusiasmo es una forma más de la ironía y en realidad no para de mofarse de lo que ve. Efectivamente, da la impresión de que el arte contemporáneo puede gustarle a uno, pero no se puede creer en él. Con un cuadro de Rubens o de Velázquez es todo distinto: lo vemos y creemos en él. La gracia del arte contemporáneo –de una tontería como la de Tino Sehgal, por ejemplo– es que la vemos y nos gusta mucho y hasta la admiramos y nos permite, además, reír, y por la noche nos persigue lo que hemos visto porque no hemos acabado de entenderlo. Como un cuento de Felisberto Hernández; no lo entendemos y deseamos volver a él porque se ha abierto una puerta a algo que desconocíamos. Las obras serias que comprendemos son aburridas y no tenemos mucho que hacer con ellas porque están acabadas.

 

–La ironía, el humor, la levedad intencionada son características de tu obra. Nicolas Bourriaud diría que son estrategias, junto con la deriva y el viaje, junto con la brevedad de algunos de tus libros más emblemáticos, en contra de la monumentalidad, que en literatura y en tu caso sería tal vez la de la novela española de Cela y compañía, o de la del Boom...

 

–Me molesta la españolada de lo solemne, de lo académico, de lo pesado, de lo institucional y, muy especialmente la figura del “escritor importante”. Me gusta el escritor desarrapado; Marguerite Duras o Bolaño, por ejemplo. Hace tiempo que tengo una aversión invencible hacia la seriedad. Para mí la misma esencia de la seriedad es la maquinación y, en consecuencia, el engaño.

 

–¿Qué diferencias observas entre los circuitos del arte contemporáneo y los de la circulación literaria?

 

–Se diría que frecuento el circuito del arte contemporáneo, y no es así, en absoluto, apenas tengo unas someras ideas sobre él. No hace mucho, me invitaron a Londres a una cena a la que acudían importantes millonarios británicos, mecenas de arte. A los postres, yo debía hablar diez minutos acerca de la figura de Robert Walser. Naturalmente, decliné –horrorizado– la invitación. Pero desde entonces me ha quedado la idea de que en el circuito del arte son más ricos y quizás más obscenos que en el literario.

 

–¿Cuál es tu primer recuerdo de un museo?

 

–Por mucho que lo intento, no recuerdo mi primer recuerdo de un museo. Hay muchas cosas de las que no tenemos –o al menos yo no tengo– un primer recuerdo. Por ejemplo, me acuerdo del primer japonés que vi en mi vida. Y en cambio no consigo record

 

 

 

Jorge Carrión es escritor y ensayista, autor de novelas como “Los muertos” y “Los turistas”. Su libro “Librerías” fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo.


Entrevista a La comarca


Pablo Ingberg y Liliana Guaragno presentaron, el 23 de septiembre del 2014, con la interlocución de Germán García el libro Visiones de Sánchez. Al finalizar Claudio Sánchez (en teclado) y Alfredo Slavutsky (en percusión) realizaron una impro-visación musical. La Asociación Amigos de la Fundación René Descartes aprovechó la ocasión para realizar la presente entrevista a Claudio Sánchez quien junto a Paula Bisignano, Federico Barea y Julieta Sánchez lleva adelante el proyecto de La comarca Libros.

¿Porque se crea La comarca libros?

Por varios motivos:
*Para evitar la estructura tradicional editorial, donde todo es comercio y velocidad en cuanto a la producción, descartando la difusión de autores desconocidos, marginales  y/o de culto.
*Para cuidar, lograr y sostener el camino de la obra de Néstor Sánchez.
*Generar en cada autor interesado, alternativas diferentes de producción y difusión sostenida hacia un objetivo que, a nuestro criterio, debería ser consensuado.
*Atacar el 10% de derecho de autor. Consideramos que este porcentaje es la mayor estafa literaria: el autor debe ser el único dueño de su libro.
 
¿Qué objetivos persiguen?
Un nuevo camino para el libro de autor.
Terminar con la falsa distribución de libros sin interés comercial, condenados a Depósito.
Descartar las librerías  desinteresadas en difundir a un nuevo autor.
Ser un instrumento que lo acompaña y le genera opciones para decidir todo lo concerniente a su libro, desde el proyecto hasta la inserción en el medio.
 
¿Qué podría decidir el autor?
La producción general de su obra. Nos proponemos trabajar conjuntamente con cada escritor en varios aspectos: debemos encontrar un estilo adecuado para cada libro; abrir el espectro que justifique encontrar la mejor tapa desde todas las ideas posibles, la mejor información interna, una diagramación justificada por el texto, imágenes como símbolos visuales que acompañen la idea central.
 
¿Y después, qué seguiría?
Un plan para acercar el libro al lector.
Aquí también surgen tantos caminos como ideas se obtengan. Es indispensable que el tiempo esté a favor ya que no producimos paraguas ni asado, producimos cultura.
Nos preguntamos: ¿Quién podría encontrar un libro de autor desconocido o marginal en mesa de exposición o vidriera de alguna librería? Ese libro está condenado –en el mejor de los casos- a morir en un perdido estante al fondo del local. Ningún “cliente” podrá enterarse de su existencia. (Mejor ni hablemos de los precios en cuanto a costo-ganancias).
 
¿Y entonces, qué hacer con ese libro?
Dependerá de lo que decida “su dueño”: “Mover” ese libro donde se pueda. Junto a otros autores. Convocando otras disciplinas del arte para fusionar en consecuencia, utilizando nuestra página (www.nestorsanchezescritor) como punto de partida. Incluirse en una serie de Blogs amigos e interesados en difundir un arte marginal.
La obra de Néstor Sánchez, por ejemplo, terminó en Mesa de saldos décadas atrás. Hoy tiene una editorial que la sostiene, investiga y produce nuevos libros que adhieren a su autor.
Nuestra editorial presenta una convocatoria en tal sentido: Un cruce cultural como música-literatura  (podría ser el dibujo, la fotografía, danza, etc.), que une necesidades personales y multiplica capacidad de acción.
Tenemos la intención de armar un circuito para estos autores y sus libros, por lo talleres literarios, bibliotecas y centros culturales interesados en disfrutar al autor, escucharlo, preguntarle, conectar su experiencia.