Reconstrucción de un escritor espectral (reseña)

jueves, 9 de octubre de 2014

Por Gustavo Pablos

A 11 años de su muerte, un nuevo libro se suma al rescate de Néstor Sánchez, el autor que produjo un cimbronazo en la década de 1960 con Nosotros dos, Siberia blues y El amhor, los orsinis y la muerte, sus tres primeras novelas, donde desplegaba una narrativa “poemática” bajo el influyo del jazz o del tango, y pensada con la convicción de que “no hay que escribir nada que pueda contarse por teléfono”.

 

Marian Fiszman Pablo Ingberg compilan textos que permiten un rescate de Néstor Sánchez


"Se lee a Sánchez para ir a camino, no para hacer carrera”

por pablo chacón

En Visiones de Sánchez, los escritores Mariano Fiszman, Hugo Savino, Pablo Ingberg, Carlos Riccardo, Roberto Raschella y su hijo y albacea, Claudio, dejan algunos testimonios de su relación con el autor de Siberia blues, algo de lo cual aparece en esta reunión exclusiva en presencia de esta agencia.

El libro, publicado por ediciones La Comarca, también reúne textos de Germán García, Liliana Heer, Rodolfo Alonso, Jorge Quiroga y Liliana Guaragno, entre otros, y a pocos días del encuentro Sánchez/Di Paola, que se realizará en la Biblioteca Nacional en homenaje a ambos.

 

Este es el registro de Télam.

 

T : ¿Cómo armaste este libro, o cómo se te ocurrió esta perspectiva?

S : A manera de interés por el blog de Mariano (Fiszman) y en agradecimiento a su postura, cuando supe su intención de llevar a libro esos testimonios, no dudé en aceptar la propuesta de Pablo (Ingberg) y la suya. Esta edición la siento como un agradecimiento general a quienes intentaron difundir y sostener la obra de mi viejo cuando estaba destinada al olvido.

 

Mariano Fiszman : Los primeros textos del libro fueron los de Hugo Savino, el mío y el de Pablo Ingberg, tres escritores que lo conocimos los últimos quince años de su vida y que éramos sus amigos incondicionales cuando él murió. Por esos dos motivos, la visión que ofrecían nuestros textos era bastante parcial, tanto sobre el Néstor Sánchez que nos tocó conocer, como la opinión sobre él. Al sumarse testimonios de escritores que lo conocieron en otras épocas, que no habían sido amigos de él, incluso otros que lo habían sido y se habían distanciado, tuvimos otros puntos de vista y una sucesión de imágenes de Sánchez a lo largo de cuarenta años que terminaron armando una especie de línea histórica de su trayectoria. Es decir que fueron los textos que aparecieron los que nos impusieron un armado del libro siguiendo esa línea histórica, desde los 60 hasta su muerte.

Pablo Ingberg : La idea surgió alrededor de 2006 entre un grupo de amigos de Néstor: Fiszman, Savino, Roberto Raschella y yo. Hugo y Mariano habían escrito sus testimonios y ahí nació la idea de juntar más y armar este libro. Como no conseguían editorial interesada, en 2009 Mariano subió el material que había, junto con otras cosas, a un blog.

 

T : A tu juicio, ¿es posible poner un tope a los argumentos sobre la obra de tu viejo?

S : ¿Se podría poner tope a una improvisación? Pienso su obra como una escritura musical y al ser músico, comparo postura ética, causa y objetivo.

RR : Nadie puede poner tope a nada. Si, habría un exceso desde el punto de vista humano sobre la vida de Néstor. Allí sería necesario e importante llegar a un punto final.

 

PI : No me parece que tenga sentido. Los libros publicados pertenecen al público, no son gobernables.

 

HS : No creo, en primer lugar, Sanchez no escribía argumentos, y en segundo lugar, no hay topes de lectura. Sobre la lectura, solo hay puntos de vista.

 

T : ¿Quiénes eran los interlocutores de Sánchez en la Argentina?

S : En el  libro se muestra a las claras quiénes fueron los interlocutores de mi padre en las distintas etapas: cuando regresó al país, Carlos Riccardo, Juan Jacobo Bajarlía, Liliana Heer, Pablo Ingberg, Liliana Guaragno y Hugo Savino. En la última etapa, además de Savino y Pablo, Raschella y Mariano Fiszman; se sumaron los integrantes de su taller y un amigo que vivía en el sur: Ricardo Ortíz.  Antes de irse: poetas como Bailey, Madariaga, Molina; Ruy; gente de Opium; Mariani, Micharvegas, Siccardi, y varios más.

HS : Un grupo de secuaces en onda de frecuencia con la obra y con el escritor, inseparables.

 

T : ¿Qué piensa Riccardo sobre las experiencias psicodélicas y su vinculación con cierto misticismo?

R : La pregunta es bastante general, pareciera que se me pregunta a mí sobre el tema pero claro, debe ser con respecto a la obra de Sánchez. Y eso es difícil de contestar. Me parece que hay que separar lo místico de lo psicodélico, al menos en lo que conozco de Néstor: aparentemente no se vinculan, van por caminos separados. Si por lo de la psicodelia se quiere referir al uso de drogas psicodélicas, LSD, mescalina o lo que sea, que yo sepa, Sánchez nunca las utilizó; sólo sé que una vez fumó marihuana y le hizo bastante mal, así que nunca más volvió a probarla. Ahora en El amhor... ésta aparece, y parece unirse con lo psicodélico, con la visión de ciertos personajes (los Yuyos, por ejemplo), pero para mí es más el espíritu de la época (el 69 es la época psicodélica por antonomasia, ¿no?); y se relaciona con la visión caleidoscópica de la novela, con los actos de desacato contra las estructuras establecidas, etcétera. Pero con nada místico. Puede ser, seguramente lo es: la dislocación total de la mirada que hay en El amhor... es un efecto del trabajo de (Georges Ivanovitch) Gurdjieff, tal como me lo dijo él mismo. Por otro lado, a pesar de que Néstot estaba metido en el Trabajo, no creo que haya sido un místico; es más, no era creyente, diría que era casi ateo. Te recuerdo esa frase con la cual termina Toques, mi texto introductorio: somos esclavos de esa grandeza que es el universo, desprovisto de toda significación divina. Resumiendo: me cuesta unir ambos términos de la pregunta, porque la psicodelia de Néstor era algo externo a su escritura, y no era un místico, tal como se entiende un místico, su interés era más bien humano, un conocimiento más cabal de la experiencia y de la naturaleza humana. Pero todo esto es lo que yo pienso; tal vez me equivoque. O haya otra lectura de las cosas. Otra clave.

 

T : Savino habla del oído, del fraseo; Liliana Heer de su caballerosidad. ¿Existe en esa disposición una y la misma forma de entender la literatura?

S : En realidad, Liliana Heer se refiere a sus maneras, su estilo frente a ciertos acontecimientos, su postura ante la muerte, el dolor, lo imposible de soportar. Si sacamos de contexto la palabra caballerosidad, podríamos pensar en alguien que abre la puerta para dejar pasar a una dama y no se trata de eso. En cuanto a la literatura, Liliana piensa que Néstor tenía distintas claves. Sus personajes operan como instrumentos, diseminando experiencias de vida filtradas por lecturas, viajes, conceptos filosóficos, cinematográficos. Aquello que él denominaba su épica.

HS : Por supuesto, están imbricados, se trata de conducta lumpen, rigurosa, llena de humor y con el oído en el camino.

 

T : ¿Puede dejar epígonos un escritor como Sánchez?

RR : Si tuviera que mencionar un nombre sería el de Mariano Fiszman como un único intento posible.

 

CR : Para mí, no puede haber epígonos de Néstor. Si uno lo ha entendido bien, uno sólo puede seguir un camino propio, de sinceridad irremisible.

 

MF : No se puede escribir tratando de imitar a Néstor Sánchez como no se puede intentar imitar a Joyce, a Beckett o a otros escritores extremadamente singulares, pero sin ninguna duda se puede seguir su camino. Sánchez nos dejó a los escritores que vinimos después muchas enseñanzas. Por un lado, sobre la manera de comprometerse personalmente con el oficio. Por otro, la apuesta por una escritura más de sonidos e imágenes que de ideas, no de transmisión de significado sino de resonancias, artística más que intelectual, muy consciente de sí misma, vital, con humor, libre de toda forma de saber preexistente del escritor sobre el texto. Por eso, no solo puede dejar epígonos, o sea, otros que sigan su huella, sino que es fundamental para mostrar que hay otros caminos para escribir, por fuera de la literatura convencional y pretenciosa.

 

PI : Su escritura va tan lejos en una aventura personal que cualquier imitación siempre va a quedarse muy corta. Pero hay cierto espíritu inconformista, inadaptado a dictados del marketing, de búsqueda hacia dentro, que siempre estará abierto a afinidades profundas.

 

HS : No. Es un fraseo irrepetible. Thelonoius Monk tampoco dejo epígonos. Tampoco Jack Kerouac. Visiones de Cody o el Amhor, los Orsinis y la muerte son libros de iniciación no de repetición. Se los lee para ir a camino no para hacer una carrera.

 

S : Todos ellos hablan por mí. Aquí me corresponden las generales de la sangre: yo rescaté a mi padre desde la obra y pienso transformar en círculo ese horizonte.